Si mirás los departamentos de las últimas exposiciones de diseño en Argentina,
vas a notar un denominador común:
las camas y los sillones dan ganas de quedarse a vivir en ellos.
El secreto detrás de ese magnetismo no es el mueble en sí,
sino las capas de textiles que lo visten.
Los diseñadores actuales usan los géneros de la misma manera que
un artista usa la pintura: para crear profundidad.
Para lograr ese look de revista en tu propio living o dormitorio,
la clave es mezclar texturas en lugar de combinar colores perfectamente.
El tusor, con su arruga natural y su caída descontracturada,
es la base ideal para un sillón o un cubrecama.
Sobre esa base, podés empezar a sumar capas:
una manta de gasa de algodón liviana para aportar movimiento y
almohadones con detalles de puntillas artesanales o encajes que traigan
un guiño romántico del pasado al presente.
Al combinar la rusticidad del algodón
con la delicadeza de una terminación hecha a mano,
el espacio deja de ser plano.
Se convierte en un lugar que no solo se ve lindo,
sino que se siente, se toca y se vive con el cuerpo.
